¿Por qué el Ecuador no progresa?
El estancamiento crónico que arrastra el Ecuador no es una fatalidad geográfica, ni una condena histórica, ni una simple cuestión de recursos económicos. La verdad de fondo es mucho más incómoda y exige mirarnos al espejo sin concesiones: el país está atrapado en su propia cultura del mínimo esfuerzo y en un sistema institucional diseñado con precisión para premiar al inoperante y castigar al que produce.
Nos educaron sin CONSIDERACIÓN y en la comodidad del autoengaño. Vivimos esperando un milagro cívico o la llegada providencial de un mesías político que venga a resolver por decreto lo que nosotros mismos saboteamos a diario. Nos falta consideración real por el prójimo: en la calle, en el negocio y en el trámite diario preferimos ponernos el pie unos a otros, buscar el atajo de la mal llamada «viveza criolla» y defender nuestros privilegios particulares a costa del bienestar común.
NO existe UNA SOLA institución en el Estado ecuatoriano que funcione y este comprometida con el servicio público, todas son expertas en generar excusas para justificar su incumplimiento, vagancia, dejadez, arrogancia, y prepotencia; sus puertas están protegidas por guardias de seguridad para cuidar a sus funcionarios de la indignación de los usuarios que se hallan frustrados por la inoperancia, falta de empatía, atención y solución a sus peticiones. La única ley que no todos conocemos, pero si todos la aplicamos es la «Ley del mínimo esfuerzo».
Los estúpidos de los políticos actuales piensan que el problema está en la falta de recursos económicos, en la inseguridad, desmotivación empresarial, la corrupción, la delincuencia, el narcotráfico, la evasión y elusión tributaria, el desempleo, la falta de educación, salud, oportunidad, convicción a una ideología política definida, entre otras. Lo que no se dan cuenta es que esto es el RESULTADO del fallido sistema de gobierno; entonces lo que corresponde es cambiar el SISTEMA e implementar uno completamente nuevo con un esquema de ingeniería jurídica.
La trampa del síntoma: lo que la clase política no entiende
El discurso político tradicional repite incansablemente los mismos pretextos: la inseguridad desbordada, la violencia organizada, el desempleo, la falta de presupuesto, la corrupción o la evasión tributaria.
Se equivocan de raíz.
Todo eso no es el origen del problema; es el resultado previsible de un sistema de gobierno colapsado en sus cimientos. Cuando un modelo institucional produce sistemáticamente impunidad, miseria, trabas y atraso durante décadas, la conclusión técnica no puede ser que «el sistema falla por error». La conclusión lúcida es que el sistema es un negocio redondo para quienes viven de capturar rentas dentro de él.
Hoy, el aparato estatal en su gran mayoría no está al servicio del ciudadano, sino volcado a su propia autopreservación:
- El laberinto administrativo como peaje: Las dependencias públicas justifican su existencia multiplicando requisitos, sellos e inspecciones innecesarias. Mientras más complejo y ambiguo sea el trámite, mayor es la discrecionalidad para dilatar, negociar favores o cobrar peajes.
- El búnker burocrático: Se han levantado puertas blindadas, ventanillas inaccesibles y cordones de guardias de seguridad para aislar al funcionario de la legítima indignación ciudadana, protegiendo la desidia, la arrogancia y la falta absoluta de empatía.
- La fractura de la responsabilidad: El costo del error, la omisión y la negligencia pública jamás lo paga la institución ni el burócrata negligente; se le transfiere íntegramente al ciudadano en forma de tiempo perdido, litigios forzados y patrimonio destruido.
La salida: Reingeniería jurídica, no discursos morales.
Pretender que el Ecuador cambie mediante llamados a la «buena voluntad» o simples relevos de partidos en el poder es ingenuidad pura. Las naciones no progresan porque sus hombres se vuelvan santos, sino porque se construyen reglas de juego donde el parasitismo y la trampa sean inviables.
Lo que corresponde no es maquillar las leyes actuales, sino ejecutar una reingeniería estructural del sistema:
- Responsabilidad personal y patrimonial directa: Que el funcionario público que dilate injustificadamente, bloquee la actividad productiva o cause daño por negligencia responda con su propio patrimonio y con su cargo, suprimiendo de raíz el escudo de la impunidad corporativa.
- Guillotina normativa y silencio administrativo positivo: Reducir drásticamente el laberinto de autorizaciones previas. Si el Estado no es capaz de resolver en plazos estrictos, debe operar de pleno derecho la autorización y la confianza en la fe pública del ciudadano, fiscalizando únicamente ex post.
- Automatización y muerte de la discrecionalidad: Reemplazar el criterio subjetivo de ventanilla por trazabilidad pública y estándares objetivos que eliminen la intermediación y el compadrazgo político.
El desarrollo no se mendiga ni se espera de rodillas: se estructura con rigor técnico, certeza y la valentía de exigir que cada quien se haga cargo de las consecuencias de sus actos.
Nota personal y compromiso de independencia
Esta postura no busca aplausos de ocasión ni la complacencia de las esferas de poder. Nace del ejercicio frontal del Derecho, del conocimiento práctico de cómo se mueve la maquinaria forense y de una independencia que nadie puede coartar.
Dedico el esfuerzo de esta plataforma: www.consultaslegales.ec a la memoria de mi madre, Grace Serrano Moscoso, quien con certeza compartiría el orgullo de ver materializado este espacio de orientación y criterio jurídico sin costo para la ciudadanía. Para poner el conocimiento y la experiencia al servicio real de la gente no se necesitan dádivas estatales, padrinazgos partidistas ni financiamientos ajenos; bastan la voluntad inquebrantable, la solidez técnica y la firmeza de carácter.
Abg. Leonardo Zurita Serrano
Socio – Smart Company / ConsultasLegales.ec